Cartas a un joven poeta

Lo que se necesita, sin embargo, es sólo esto: soledad, gran soledad interior. Entrar en sí y no encontrarse con nadie durante horas y horas, eso es lo que se debe poder alcanzar. Estar solo, como se estaba solo de niños cuando los mayores andaban por ahí, enredados con cosas que parecían importantes y grandes, porque los mayores parecían tan ocupados y porque no se entendía nada de lo que hacían.

[…] Y su duda puede llegar a ser una buena cualidad si usted la educa. Debe llegar a ser sabedora, debe llegar a ser crítica. Pregúntele, en cuanto la duda quiera corromper algo, por qué algo es feo; exíjale pruebas y la encontrará quizá perpleja y cortada, quizá incluso irritada. Pero usted no ceda, exija argumentos y trátela así cada vez, atenta y consecuentemente, y llegará el día en que, de ser destructora, pasará a convertirse en su mejor trabajadora; quizá la más sensata de todas las cosas que trabajen en su vida.

Rainer Maria Rilke: Cartas a un joven poeta (Alianza Editorial)

Esta entrada fue publicada el noviembre 28, 2007 a las 1:25 pm. Se guardó como Lecturas, Narrativa y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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