La visión fotográfica

Eduardo Momeñe es un buen amigo, sabio y generoso como pocos. De su generosidad no daré pruebas pues el pudor me lo impide, de su sabiduría dejaré unas palabras de una obra imprescindible para los amantes de la fotografía: La visión fotográfica.

Un punto de inquietud: ¿sabemos lo que buscamos?, o bien: ¿lo que buscamos tiene interés? El reto para un fotógrafo no es sólo saber lo que busca, sino saber algo aún más importante, saber que lo que busca no existe… hasta que no esté en su fotografía.

La visión fotográfica - Eduardo Momeñe

Las imágenes fotográficas, las más inocentes, las más indiferentes, pueden ser apasionantes, lo diremos mil veces. Este poder de seducción a priori de las fotografías, ese azar tan querido por el Surrealismo, es algo que debe ser aprovechado por los fotógrafos, ya que gran parte del trabajo está ya hecho. Insistiremos en ello porque muchos aficionados que comienzan pueden creer que para hacer fotografías es necesario inyectar esa dosis de arte para que las fotografías sean, o parezcan, realmente artísticas. Una cámara de instantáneas (todas las cámaras lo son) en manos de un espíritu artístico con pretensiones artísticas puede producir resultados temibles, ya que puede ser ese el gesto que destruya esa capacidad de atracción que el mundo posee al ser naturalmente filtrado por la fotografía. Es el gesto que maquilla artificialmente el mundo, que lo convierte en una pobre caricatura de sí mismo. Quizás sea nuestra educación sentimental, nuestras buenas intenciones, nuestra idea pueril de lo que significa belleza, de lo que significa arte. Permitámonos unas gotas de radicalidad en esta materia ya que muchos buenos aficionados han frustrado sus aspiraciones por no haber evitado algunas trampas, digamos conceptuales, por no haber tenido paciencia para intentar poner en orden ciertas ideas. Intentemos aclarar algunas cosas antes de lanzarnos a la arena sin red, porque ello es importante para que podamos comprender la fotografía, para saber de qué trata ese medio con el que estamos día y noche y queremos disfrutar, y en definitiva para que nuestras fotografías sean mejores imágenes cada día.

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Una pregunta realmente útil: ¿Cómo se consigue esa imagen que expresa, que emociona, etc? La respuesta que podríamos dar es: Aún no lo sabemos, pero estamos en ello. Al menos, estamos ya pensando seriamente en ello, lo cual es mucho.

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Finalmente el mundo es el que es y en realidad no es tan grande; es un jardín ya muy visto y conocido, sobre el que ciertamente ha llovido mucho, y por el que casi todos hemos paseado. Quizás sería pretencioso por nuestra parte suponer que vamos a mostrar cosas de él -lugares-, que nadie ha visitado. Por contra, podríamos dar a conocer nuestro punto de vista, una nueva mirada personal e intransferible, una visión única, nuestra mirada. Las fotografías no sólo muestran el mundo sino que -y esto es lo más importante- muestran cómo lo miramos. Para ello es necesario tener ese punto de vista, algo que decir, algo que mostrar, una manera de presentarlo, algo que proponer sobre lo que vemos, por muy pequeño que sea aún nuestro universo visual. No llegamos a un territorio virgen sin explorar, normalmente fotografiamos sobre un mundo ya labrado y nuestro público no se deja impresionar fácilmente. Una buena fotografía es finalmente un punto de vista bien expresado… sobre algo que todo el mundo ha visto.

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El gran reto para el fotógrafo es conseguir que la fotografía -su medio- le permita expresarse visualmente, es conseguir arrancar ese potencial que el lenguaje posee. El desafío para nuestra visión, grande o pequeño, sería el de reciclar cosas de ese espacio que siempre ha estado ahí y que todo el mundo se ha hartado de ver. Buscamos nuevas y sorprendentes imágenes, las nuestras. La fotografía es un nuevo medio de expresión y la cámara la estrella de una aventura llamada fotografiar. Hablamos de mirar el mundo como no lo habíamos hecho antes. Si sabemos cómo conducir la cámara, cómo hacer hablar a la cámara, lo sabemos casi todo. Como ocurre con todo, es hacer hablar a una moleskine en blanco, a un lienzo blanco, a un arpa llena de polvo, a un cuerpo que estaba dormido… o a la mirada de un ser humano que, hasta que la invocamos, no miraba a ninguna parte.

Un apunte sobre el que podríamos pensar en algún momento y quizás discutir sobre ello. El filósofo Ludwig Wittgenstein decía entre otras miles de cosas, que la filosofía trataba de lo no dicho. Podríamos aprovecharnos de ello y decir que la fotografía trataría de lo no visto. Si siguiésemos con este juego, diríamos que la fotografía trataría de lo no visto, es decir, de lo no dicho. ¿Qué es lo no visto, lo no dicho, para un fotógrafo? […]

Quienes hacemos fotografías nos enfrentamos a ciertos problemas básicos. Entre otros, debemos querer expresar el mundo a través -por medio- de fotografías. No como un pintor, ni como un músico, ni como un cineasta, ni como un escritor, sino como un fotógrafo. Para poder expresar algo hay que tener algo que decir, algo que opinar, algo que plantear, algo que enseñar, que mostrar, ¿opinar sobre qué? No debemos olvidar que nuestra respuesta -por supuesto, siempre con la cámara- apenas puede ser otra que opinar sobre cómo debe ser el aspecto de una buena fotografía. Ésta es la única opinión que realmente nos debemos exigir como fotógrafos.

Atención. La opinión fundamental e irrenunciable -la primera opinión-, aquella que debe portar una fotografía, deber ser una opinión visual. La fotografía es un medio que se plasma como imagen, y nuestras opiniones sociales, morales, políticas, el amor a la naturaleza, el rechazo a la injusticia, etc. pasan a segundo plano. Anteponer cualquier tipo de opinión a la visual -a la creación fotográfica-, quizás nos haga aparentemente más comprometidos con ciertos aspectos del mundo, e incluso más queridos, pero no mejores fotógrafos. […]

Digamos que lo que de verdad nos importa en una fotografía es su fuerza como imagen, su potencia como imagen, su capacidad para que la imagen que transporta nos deje fascinados, para que no podamos apartar la vista de ella, para que nos inspire […]. Lo que importa de una fotografía es que nos mire de tal manera que queramos saber más, que nos obligue a interrogarla, que sus respuestas se nos resistan, que eso inexpresable que se encuentra en todas las grandes imágenes -esas imágenes que nunca dejarán de estar ahí– nos tenga atrapados.

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Tenemos todo el tiempo que queramos para pensar en ello. El espacio es todo el que hay, y, por fortuna para nosotros, prácticamente infinito, porque nosotros ya no buscamos lugares sino espacios, algo que no existe a no ser que lo creemos.

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Fue Stanley Kubrick quien dijo que no fotografiamos la realidad sino que fotografiamos una fotografía de la realidad.

Eduardo Momeñe: La visión fotográfica. Curso de Fotografía para jóvenes fotógrafos

Esta entrada fue publicada el julio 4, 2011 a las 7:02 am. Se guardó como Fotografía, Lecturas y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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