La obra abierta – The open work

Estoy escribiendo estas páginas tras haber estado reflexionando estos días con la intención de tratar de explicar el trabajo fotográfico, de encontrar una definición.

Esto no es fácil para mí, aunque he estado pensando en ello desde que empecé a trabajar con la fotografía… de hecho, incluso antes, desde que, cuando era niño, miraba nuestro álbum familiar, o el atlas -un atlas muy hermoso que tenía páginas llenas de fotografías de todo el mundo entre los mapas. Una pequeña y privada biblia secular, otra amplia y pública biblia con la historia y los lugares de otros.

Capri, 1981

Capri, 1981

Quizás ese fue mi primer encuentro con el trabajo fotográfico. Estos dos tipos de libros, tan populares y ostensiblemente predecibles, contenían dos categorías del mundo y lo representaban de una manera que yo comprendía. Lo interno y lo externo, mi lugar y mi historia, los lugares y la historia del mundo.

Un libro para permanecer y otro para marchar.

En mi obra, desde el principio, he intentado reconciliar esta dualidad, esta fractura entre lo interno y lo externo, entre la historia personal y la comunicación con el prójimo. Los dos mundos no tenían que estar separados ni las dos categorías inconexas: al contrario, podían encontrarse relaciones, intuiciones, incluso contradicciones -para alcanzar, si fuera posible, un estado mágico de equilibrio. Y fue precisamente esta búsqueda de unidad, de plenitud, lo que me llevó a la idea de una única gran obra.

Ruvo di Puglia, 1983

Ruvo di Puglia, 1983

[…]

No opto por la grandiosidad o la monumentalidad como atracción masoquista hacia la dificultad; más bien opto por la complejidad, consciente del infinito potencial de la fotografía.

Sigmund Freud dijo una vez que debemos describir el instrumento que ejecuta nuestras funciones mentales como algo que se parece a un microscopio compuesto o a una cámara. Esta frase me parece que tiene que ver con lo que yo decía y con cómo siempre he pensado sobre la fotografía, esa inacabable fuente de estímulos, sensaciones, preguntas, respuestas, y no de individuales subdivisiones de la mirada: la fotografía como una gran aventura del pensamiento y la mirada. Mi obra ha sido frecuente tachada de intelectual -y también (con sutil desaprobación) de conceptual, surrealista, Pop, realista, hiperrealista, posmoderna, etcetera.

Pienso que ningún adjetivo es preciso y ninguno es impreciso. Quizás porque mi idea de la fotografía, con su inacabable potencial para la expresión, ha buscado realidad para los mundos y maneras de representarlos. He intentado no buscar refugio en el sólido terreno de la repetición, sino aventurarme de cuando en cuando en diferentes métodos de trabajo y maneras de mirar.

Taller de Giorgio Morandi, 1989

Taller de Giorgio Morandi, 1989

Mas allá de todas las explicaciones críticas e intelectuales, más allá de todos los aspectos negativos que pueda poseer, la fotografía es, pienso, un formidable lenguaje visual para albergar este deseo por el infinito que habita en todos nosotros. Como ya he dicho antes, es una gran aventura en el mundo de la mirada y el pensamiento, un gran juguete mágico que consigue conjuntar milagrosamente nuestra conciencia adulta y el mundo de cuentos de hadas de la infancia, un viaje continuo a través de lo grande y lo pequeño, de variaciones, a través del reino de las ilusiones y las apariencias, en el laberíntico y reflejado lugar de la profusión y la simulación.

Jorge Luis Borges escribe sobre un pintor que, deseando pintar el mundo entero, comienza a hacer lienzos enseñando lagos, montañas, barcos, animales, caras, objetos. Al final de su vida, juntando todos estos lienzos y dibujos, se da cuenta de que ese inmenso mosaico ha formado la imagen de su propio rostro.

El punto de partida de mi proyecto fotográfico puede ser comparado con esta historia. Es decir, existe la urgencia de buscar una clave, una estructura para cada imagen -pero en su totalidad, define una cosa diferente. Un hilo sutil que une la autobiografía con el mundo exterior.

Eso es porque siempre he trabajado en un proyecto (inicial), que no encaja en un rígido esquema, sino que debe estar abierto a la intuición y los hechos azarosos que encuentro en el transcurso de mi obra. Esta manera de encajar cosas juntas, lo que alguno podría llamar “montaje”, se parece al método de completar un mosaico o un puzzle, en el claro entendimiento que, si la imagen se completa solamente al final, cada imagen individual debe tener su propia autonomía y validez.

Formigine, 1985

Formigine, 1985

[…]

Siempre he sentido que la fotografía es un lenguaje para ver y no para transformar, ocultar o modificar la realidad. He abandonado la idea de que su magia pueda revelar a nuestra mirada los espacios, objetos y paisajes que quiero representar -confío que una mirada libre de acrobacias formales, de formas de coerción o esfuerzos intensos consigue encontrar un equilibrio entre conciencia y sencillez. Y por lo tanto encontrar, en la geometría y fijeza del espacio del cuarto oscuro, el sentido de medida para la representación del mundo exterior.

No hay violencia, o shock emocional-visual, o sentido de fuerza, sino silencio, claridad, el rigor que te permite entablar una relación con las cosas, objetos y lugares.

En ese sentido debo decir que mi conocimiento de Walker Evans -un artista al que amo y del que me siento más cerca que de ningún otro- fue de gran ayuda para mí.

No sé cómo decirte quién me ha influenciado porque hay demasiados para nombrar y podría olvidarme alguno. Algunos son fáciles de recordar, pero qué pasa con las caras que no puedo recordar, los puntos de inflexión, las esquinas, los atajos que desaparecen de la vista y que dejas atrás, qué pasa con los discos que sólo has escuchado una vez. Abres los ojos y los oídos y estás siendo influenciado, y no puedes hacer absolutamente nada al respecto.

Estas palabras de Bob Dylan (otro artista al que amo profundamente) clarifican lo que pienso sobre el problema de las influencias, las prioridades y la originalidad -tan importante para tanta fotografía.

Capri, 1981

Capri, 1981

Nunca he estado de acuerdo con la mayoría del mundo de la fotografía. Demasiado a menudo este mundo niega su propio potencial, tomando refugio en la originalidad del color, en la repetición obsesiva, en la repetición y clonación de estilos, en la categorización, en provocaciones formales.

Ciertos aspectos maníacos me parecen peligrosos: la fotografía como afasia de la visión, la antecámara de la desestetización de la mirada. La necesidad de ser original y creativo a toda costa, la búsqueda desesperada de lo nuevo y de una marca personal, en la creencia de que un artista puede ser reconocido por la edición visual que realiza del mundo externo. En lugar de intentar crear nuevos tempos y modalidades, la fotografía ha entrado en el rígido espacio de la reproducción de sí misma.

Desgraciadamente, en los últimos años he sido testigo de la colonización del concepto de creatividad en fotografía. Una creatividad estereotipada nos ha hecho olvidar los problemas fundamentales del trabajo del fotógrafo, una especie de cortocircuito ha interrumpido el diálogo con la realidad, en favor de un monólogo entre espejos.

Lucerne, 1971

Lucerne, 1971

Hoy pienso que mi proyecto global no ha cambiado mucho, o quizás se ha hecho más preciso. He tomado nota que incluso en un período tan breve de tiempo, muchas ideas y formas han quedado obsoletas y caducas, pero respecto al marco de mi obra, no ha habido grandes cambios.

Las últimas tecnologías visuales han traído un cambio en la calidad de la mirada, y las imágenes digitales y la tecnología de video parecen relegar la fotografía al desván del anticuario. Pero pese a todo, creo que todavía tenemos mucho espacio ante nosotros. Los lugares -fuera, dentro- parecen ser cruzados por estímulos visuales cada vez más rápidos y frecuentes, pero esto nos impide ver con claridad. En medio de esta era heterogénea, en estos lugares que son cada vez más el dominio total del “territorio de lo análogo”, y donde las multiplicaciones asumen un ritmo cada vez más vertiginoso, podemos encontrar en la fotografía un momento importante de pausa y reflexión.  Y así tenemos a la fotografía como un momento de reactivación de los circuitos de la atención, explotados por la velocidad del mundo externo.

No creo que todo sea un paisaje colosal y moribundo, y que todo esté desapareciendo delante de nuestros ojos, más bien necesitamos mudarnos de la fotografía de investigación a la investigación en fotografía. Investigación en fotografía que no sólo indica nuevos modos de mirar, nuevos alfabetos visuales, sino también y sobre todo una fotografía que presupone un estado de necesidad. Investigar en una fotografía que establece nuevas relaciones dialécticas entre el autor y el exterior, nuevas sendas, nuevos conceptos, nuevas ideas, una nueva relación con el mundo, con modos propios de representación, para restaurar imagen y figuras, porque fotografiar el mundo es también una manera de entenderlo.

Lucerne, 1971-1972

Lucerne, 1971-1972

Investigar en fotografía es también un método para organizar la mirada, tan rápida como las imágenes cinematográficas y al mismo tiempo tan estática como una representación pictórica. Quizás el secreto sutil que nos fascina sobre la fotografía es que es una síntesis tan perfecta entre lo estático y el movimiento.

Mi idea de la obra fotográfica procede de todas estas consideraciones, y por tanto la idea de una obra abierta.  No solo porque algunas piezas del puzzle han desaparecido, sino también porque cada obra individual se abre a un espacio elástico; no se queda en una entidad abarcable, sino que va más allá, en un diálogo continuo entre lo que ya ha ocurrido y lo que está aún por llegar.

La imagen por tanto adopta esbozos menos definidos, menos categóricos, menos precisos, para convertirse en parte de un gran sistema que está en continuo movimiento.

Modena, 1973

Modena, 1973

Mi sueño no es el de Stéphane Mallarmé y su gran libro (“todo existe para acabar en un libro”), incluso si ha sido parafraseado como “todo existe hoy para acabar en una fotografía”. Quizás mi sueño es simplemente la idea de construir un libro, o mejor, una especie de atlas personal -una perfecta simbiosis de los dos libros de los que hablé al comienzo de este artículo.

Traducido del texto The Open Work, en Luigi Ghirri: It’s beautiful here, isn’t it… (Aperture)

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Esta entrada fue publicada el noviembre 21, 2010 a las 8:52 am. Se guardó como Ensayo, Fotografía, Lecturas y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

8 pensamientos en “La obra abierta – The open work

  1. Pepe Rubio Larrauri en dijo:

    Antonio! como vas? el otro dia me compre el libro de L. Guirri y estoy bastante flipado con el. Mola mucho.
    Un texto de la ostia tambien.
    Un abrazo

  2. Concha Huerta en dijo:

    Gracias por compartir con nosotros estos extractos, un virus muy creativo. No te cures!!!

  3. Cual es el nombre en espanol de este libro de Luigi Ghirri? donde lo puedo conseguir en Mexico? o hay manera de descargar via Internet?.
    Soy estudiante de fotografia y este texto me ha dejado con ganas de mas…
    Otros libros de este tipo?
    saludos y espero respuesta

    Roger

    • Hola, Roger.
      Que yo sepa, Luigi Ghirri no tiene libros de fotografía publicados en español -quizás me equivoque-.
      Si buscas libros “para pensar la fotografía” en castellano, te recomiendo que eches un vistazo a la obra de Joan Fontcuberta.
      Saludos.

      • Bueno, gracias, espero que sigas publicando y traduciendo mas de este libro de Luigi Ghirri, si es todo mejor!!, tu blog esta excelente a diario entro, saludos desde Mexico

  4. elbandolerostanco en dijo:

    Un articulo muy interesante, rico de sugestiónes y estimulos creativos y constructivos.
    Me gusta la idea de una obra que se compone de imagenes, tal como de imagenes, de instantes se compone la vida; imagenes (instantes) con una propia verdad, cada una cumplida en si misma y sin enbargo siempre en devenir, siempre susceptible de ser modificada por una añadidura sucesiva, la cual puede poner en discusión todo el cuadro, transtornando no solo la interpretación de la singula imagen, sino el hilo, lógico o emocional, que las connecta todas, acercando dos que parecian extrañas o en cambio haciendo mas débil la connexion entre dos que antes estaban juntas…..
    asi mismo “la vida de una persona consiste en una serie de acontecimientos de los cuales el último podría cambiar el sentido de todo, no porque cuenta más que los anteriores pero porque está incluido en una vida en que los acontecimientos se plasman en un orden que no es cronológico, pero que describe a una arquitectura interna de todos nosotros” (I.Calvino)

  5. elbandolerostanco en dijo:

    “El álbum familiar, y el atlas -un libro para permanecer y otro para marchar” : me parece estupendo

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