Del Ganges al Mediterráneo

Vivimos en un mundo en el que el dominio de lo tecnológico, de lo comunicacional, lo que se ha llamado “globalidad planetaria”, y la exigencia de una actualidad permanente se han convertido en una invitación universal a la amnesia. En ese sentido nuestro mundo está fuertemente marcado por un modelo de amnesia y de velocidad, de amnesia y de vértigo, aunque evidentemente muchas veces ese vértigo se manifiesta como en el mito de Sísifo, se manifiesta como un vértigo inmóvil que da vueltas sobre un mismo eje. Me parece muy significativo que el modelo lineal teleológico de un paraíso colocado al final del esquema, ya fuera un paraíso religioso o el paraíso laico del progreso y la igualdad, se haya sustituido en Occidente por un modelo que podríamos llamar circular presentista, un presente circular permanente al que invita el capitalismo de nuestro tiempo. Se trata de un modelo cerrado de producción-consumo: se consume para la producción, se produce para el consumo, sin que nada quede al margen de esa rueda totalitaria, ni siquiera el ocio, que también forma parte de esa producción o de ese consumo.

El mundo actual no plantearía un paraíso al final de los tiempos sino la fantasmagoría de un paraíso permanente, siempre que llevase a cabo ese consumo de lo producido. Por tanto la sustitución del paraíso como promesa por el paraíso como consumo acompañado de la amnesia y del vértigo inmóvil marcan fuertemente nuestra época, que llega incluso a arruinar el modelo historicista occidental moderno. El ciudadano que pertenece a la globalización actual no piensa ni en términos historicistas ni en términos de eterno retorno, sino exclusivamente a través de la visión de un presente permanente en el que el paraíso se consume y se autoconsumo continuamente.

Por eso, en apariencia, en nuestra sociedad contemporánea ha dejado de tener prestigio la utopía, no sólo por las calamidades causadas por las utopías colectivas a las que ya hemos aludido, sino por el hecho de que si efectivamente el presente es continuo, un presente que se autoconsumo, no cabe la utopía, no cabe el no-lugar, debido a la ilusión de lugar permanente creada por la producción y el consumo de bienes. No hay espacio para la utopía, ni para la memoria, que es contrarrestada por la amnesia, sin perspectiva suficiente dentro de este proceso de actualidad permanente, ni para la muerte, camuflada y sometida al olvido pues el muerto no es ni productor ni consumista. Para adquirir una posibilidad de crítica respecto al mundo actual, de resistencia, es totalmente imprescindible tratar de situarse fuera de esa rueda infernal presentada como paraíso.

[…]

…sí que existe el peligro de que, en lugar de comunicar en términos de igualdad a todas las ciudades del mundo, la globalización signifique la imposición de una sola ciudad virtual, en la cual predomine exclusivamente la producción, el consumismo y al mismo tiempo la superficialidad de las miradas sobre el mundo. Creo que cuando algunos de nosotros criticamos la globalización nos dirigimos fundamentalmente a este aspecto, que puede ser muy empobrecedor para el hombre. Muchas veces reducimos el cosmos a lo que es la Tierra, la Tierra a lo que llamamos realidad y la realidad a lo que creemos que es la actualidad. Con lo cual con frecuencia vivimos en un mundo supuestamente vertiginoso, pero que se mueve en unos parámetros extraordinariamente estrechos. Desde mi punto de vista, la oportunidad de buscar en otras tradiciones la manera de profundizar en la propia tradición, de no poner como términos contrapuestos tradición y renovación, es la única posibilidad de salida de la situación actual. Frente al reduccionismo de la dictadura de la actualidad, estoy convencido de que es necesario para el hombre la búsqueda de su complejidad.

[…] No puede existir ni libertad ni sentido de la cultura si el hombre no se mueve en la complejidad de planos que le es propia. Un hombre dirigido por una realidad que es mera actualidad, un hombre al que le han mutilado sus potencialidades, un hombre que mirando sólo a través de una ventana cree ver el mundo es un hombre que no está en condiciones de ser libre, aunque le digan que vive en una democracia y aunque le digan cada día que vive en libertad. Pero ¿qué es lo que llamo complejidad? La complejidad no es dificultad. La complejidad es la posibilidad de ver el mundo desde varios miradores, de ver que entre el hombre y lo que llamamos mundo hay muchos caminos. La complejidad es comprender que a veces el mundo es lo estático y a veces lo que se mueve.

Rafael Argullol y Vidya Nivas Mishra: Del Ganges al Mediterráneo: un diálogo entre las culturas de India y Europa (Siruela)

Esta entrada se publicó el febrero 14, 2006 en 12:49 am y se archivó dentro de Ensayo, Lecturas. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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