La apreciación del arte

Otra equivocación corriente es la de confundir el arte con la arqueología. La veneración hacia la antigüedad es uno de los rasgos mejores del carácter humano y está muy bien que sea cultivado largamente. Los maestros antiguos son merecidamente honrados, porque abren un sendero hacia la iluminación futura. El mero hecho de que hayan pasado sin merma siglos de crítica y hayan llegado hasta nosotros cubiertos de gloria merece nuestro respeto. Pero seríamos tontos si evaluáramos sus logros basándonos simplemente en su edad. y sin embargo, permitimos que nuestra simpatía histórica pase por encima de nuestra discriminación estética. Ofrecemos flores de aprobación cuando el artista ya está sin problemas en la tumba. El siglo XIX, preñado por la teoría de la evolución, nos ha creado el hábito de perder de vista al individuo entre las especies. Un coleccionista está ansioso por adquirir especímenes que ilustren un período o una escuela y olvida que sólo una obra maestra nos puede mostrar mucho más que cualquier número de productos mediocres de una escuela o período dado. Clasificamos demasiado y disfrutamos muy poco. El sacrificio del esteta al método científico de exhibición ha sido la ruina de muchos museos.

Las exigencias del arte contemporáneo no pueden ignorarse en ningún esquema de vida. El arte de hoyes lo que realmente nos pertenece: es reflejo nuestro. Condenándolo nos condenamos nosotros. Decimos que la era presente no posee arte: ¿quién es el responsable de esto? Es indudablemente una vergüenza que a pesar de todas nuestras rapsodias sobre la antigüedad, prestemos tan poca atención a nuestras propias posibilidades. jBatalladores artistas, almas agotadas languideciendo a la sombra del frívolo desdén! En este siglo de egocentrismo, ¿qué inspiración les ofrecemos?

El  pasado puede bien mirar con piedad la pobreza de nuestra civilización; el futuro se reirá de la aridez de nuestro arte. Al destruir lo hermoso de la vida estamos destruyendo el arte. Ojalá un poderoso brujo pudiese, con el tronco de la sociedad, crear un arpa poderosa cuyas cuerdas resonaran al toque de los genios.

Okakura Kakuzo: La apreciación del arte (1862 – 1913) citado por Luis Racionero en Textos de estética taoísta

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Esta entrada fue publicada el septiembre 18, 2010 a las 9:55 pm. Se guardó como Ensayo, Lecturas y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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