Estética taoísta: El arte de la pintura

De tiempo en tiempo uno debe estudiar las obras maestras y, además de observar el tono y el calor de la pincelada y de la tinta, se debe ver también la disposición de los elementos en un cuadro tratando de entenderla. En el momento de pintar se debe considerar constantemente qué agregar y qué evitar. Llegará el momento en que se haga naturalmente y sin pensar mucho si se está contraviniendo el equilibrio perfecto y la proporción.

[…]

Hay una palabra que puede describir el estado perfecto en que se encuentra un artista cuando trabaja, “cómodo”. “Comodidad” sugiere la facilidad de la maestría y la ausencia de dificultades y esfuerzos. Es como las ondas del viento al pasar o la subida graciosa y libre de las nubes en alta montaña. La belleza emerge cuando el pincel toca el papel y el papel vibra en armonía con la belleza de la escena. La una mueve a la otra, responde a la otra, captando la belleza de la naturaleza. Cuando algo sucede así, todas las consideraciones de textura, venas y arterias se ignoran pero están todas allí. Esto se obtiene con el ejercicio diario del corazón y de la cabeza y con la experiencia práctica; y luego cuando el momento de la belleza llega, el artista podrá plasmarlo en el papel con naturalidad y sin pensarlo mucho.

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ganar la admiración de cien ignorantes nunca compensará la desaprobación de uno que verdaderamente entiende.

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Quien pueda penetrar en nuestra naturaleza humana común podrá crear algo inmortal. Así, lo más extraordinario nos viene de la vida diaria. Es así como ocurre. Crear efectos fuera de la naturaleza humana termina siempre en trucos espectaculares o extraños. Con tales creaciones uno nunca debe conmoverse. A menudo los artistas modernos piensan cómo diferenciarse de los demás y distinguirse tomando actitudes de chiflado para atraer la atención. Si la obra recibe aprobación popular se sienten orgullosos de sí mismos  son seguidos por imitadores ignorantes. Esto ocurre continuamente. Se autodenominan escuela y desorientan al principiante. No merecen ni una sonrisa del verdadero conocedor, pero ¿cuántos conocedores hay? ¡Ay! Los principios verdaderos han sido olvidados, y los fantasmas caminan a la luz del día.

[…]

Si no nos despedimos de las maneras vulgares no habrá esperanzas de lograr un refinamiento y una gran cultura. Hay que ser capaz de liberarse de la vulgaridad e incluso hay que estudiar los trabajos de maestros antiguos[…] aunque haya que copiarlos todos los días, pues es imposible abandonar la vulgaridad espiritual si esos valores mundanos nos ocupan continuamente. Liberarnos de tales preocupaciones es el primer paso hacia la cultura.

Por eso los que han enterrado su inocencia mental no deben pintar.

Los que aman el lujo tampoco deben pintar.

Los que luchan por el poder y el dinero tampoco deben pintar.

Quienes gozan jugando con el gusto popular no deben pintar.

Los que tienen una mente baja y vulgar no deben pintar.

Todos estos tipos de gente poseída por el mundo de la moda nada tienen que hacer con la cultura y el  refinamiento.

El artista debe sentir una pasión similar a la del aficionado. Deberá abandonar los negativos valores mundanos o se hundirá con ellos.

Un artista lleno de fatuidad debe olvidar el mundo o será herido por él.

El artista debe ser pobre. El mundo y lo mundano va en contra de su modo de ser; dejándolos estará libre para ocuparse de la cultura.

Un artista debería ser abstruso. Se ha de mantener lejos de lo mundano por propia decisión y ha de ser capaz de perfeccionarse.

Los que traten de evitar la vulgaridad deben leer lo más que puedan y entender de filosofía. Primero deben limpiar y lavar su pecho, para luego perderse en ella. Deben tratar de abandonar los hábitos vulgares manteniendo alejado su corazón de ellos. Si apareciese el signo más leve de vulgaridad, ligereza mental, insensibilidad o dureza de corazón, tratarán de suprimirlo con gran vigor. El refinamiento genial será entonces un reflejo natural en su obra de arte.

El trabajo artístico es un asunto de temperamento. Lo que facilite el cultivo del temperamento debe mantenerse y lo que ocasione daño debe abandonarse. De este modo uno podrá gradualmente abandonar lo vulgar y acercarse a la cultura. La cura puede no ser permanente ni completa. Algunas personas con constantemente estorbadas por las cosas que hacen imposible el logro del gran estilo. Los estudiantes que tengan como meta esta gran finalidad deben tener los hábitos de intentar suprimir el amor a la violencia, ser inteligentes y evitar irse por lo fácil. Deben apreciar como los antiguos eran capaces de lograr esa calma, esa atmósfera genial y suave y ese sentimiento de libertad. Deben conseguir una cultura de esa calidad, sin olvidar nunca y sin ser jamás impacientes. Así, con el tiempo, las maneras vulgares desaparecerán en nosotros y el sentimiento de cultura permanecerá dentro de nuestro ser.

Se podrá objetar: “la pintura es tan sólo un arte.Usted habla como si estuviese fundando una filosofía de vida. ¿No es difícil?”, mi respuesta es que en este mundo todo está bajo la filosofía. Pintar es un arte que servía a los antiguos como medio de limpiar y refinar el espíritu humano. Por eso este propósito es similar al de la poesía. Los buenos artistas pueden escribir poesía y los buenos poetas pueden aprender fácilmente a pintar. Es como el arte de los alquimistas, que transforma los cuerpos en espíritus inmortales. También ellos hicieron uso del elixir material de la inmortalidad para aprender a comprobar el progreso espiritual. Como dio uno: “Cuando se forma lo externo, lo interno ya está completo”. Los que entiendan esto se moverán con naturalidad en un espíritu de refinamiento cultural y estarán por encima del mundo diario.  […] Cuando se alcanza este nivel elevado, el artista ha superado la preocupación de evitar la vulgaridad y cultivar el refinamiento.

El hombre de la calle perdido en la cuenta de sus dineros está ciertamente muy alejado de la degustación cultural. […] Los pobres artistas están hundidos en el negocio de ganarse la vida, y ansían poder pintar lo que está de moda. No tienen tiempo para hablar de los verdaderos principios del arte. Los que están en mejor situación económica quizá usen tinta y pluma. No tienen ninguna base, pero empiezan a pensar demasiado alto de sí mismos. Los que saben de arte se mantienen callados, pero los que gustan de adular empiezan a decir lo impresionados que están con sus obras. Esta gente se ha dejado coger por lo circunstancial y no ha logrado mejorar, aunque incluso ellos pueden tener talentos escondidos.

Hay otros, humanistas de gran talento, que toman a la pintura como una pasatiempo. Pueden crear obras hermosas, pero al no tener un entrenamiento básico en la disciplina se hacen erráticos. Esta gente es elegante, pero de un modo crítico. Por otro lado, hay gente que ha estudiado con maestros obteniendo una visión limitada del arte. Empiezan a conversar como si supieran mucho de todo y tienen grandes prejuicios hacia las obras de arte diferentes a las que ellos han aprendido. Nunca desobedecen las reglas, pero tampoco las sobrepasan nunca; ellos serán siempre correctos pero nunca superarán el término medio. Tales personas están en lo correcto, pero realmente carecen de cultura. De entre estos dos tipos hay algunas esperanzas para los que  son elegantes pero erráticos; pero los que son correctos y relamidos no están lejos de la vulgaridad. ¿No es verdad?

De todo esto se deduce que los que tienen talento deben buscar la libertad dentro de la disciplina y de la práctica artística, tratando de complementar su talento natural con un duro trabajo diario. Así lograrán una personalidad cultivada y podrán entender la naturaleza verdadera de las cosas exteriores. Aunque sus expresiones sean caprichosas, estarán basadas en una buena técnica. Si la naturaleza interna de las cosas lo requiere, uno no debe dejarse limitar por lo que hicieron los antiguos ni por lo que no ve en la realidad física. En lo que se refiere a convicciones personales, no se preocupará por desaprobar al mundo y se dará cuenta de lo raro y valioso que es encontrar a alguien que le entienda. Se encuentra solo, por encima y más allá del mundo material. Este hombre, una vez liberado de la vulgaridad no necesita preocuparse por recibir cultura.

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Todas las cosas que duran tienen una valía interna, y no meramente un bello exterior. A la gente siempre le gusta hacer casas bonitas que agraden a los demás. A su vez, el artista recibe con mucho agrado las críticas positivasa que se le hacen. Esto se convierte en un círculo vicioso tal que la enfermedad se torna incurable.

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Si se examina el trabajo propio se encontrará que los cuadros propios que el artista más estima son siempre los que le han salido parecidos a las técnicas de algún maestro del pasado, pero en cambio los dibujados con la intención expresa de copiar a un maestro del pasado, fracasan. Lo mejor de lo inintencionado nunca se logra por accidente; viene por las experiencias pasadas acumuladas y por el estudio. En el momento oportuno y de alguna manera, sale bien. Esto demuestra la importancia del estudio. El principiante estudioso y serio no debe hacer su trabajo a medias; no debe copiar las fórmulas conocidas de los antiguos maestros, sino el estilo esencial y la atmósfera del cuadro.

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El universo está formado por una acumulación de espíritu[…] Se podría pensar que es tarea imposible para el artista capturar y expresar todo esto. Y es posible tan sólo porque el hombre es el ser más espiritual del Universo. Si esa luz espiritual no se ensucia o se sofoca, crecerá día a día sin limitación. […] La pintura es sólo un arte, pero tiene tanto poder creador como el Universo mismo.

[…]

Si el artista insiste en hacer lo mismo que ayer, no podrá lograrlo. ¿Por qué? Porque cuando un artista insiste en lograr algo está obstruyendo el libre curso del espíritu.

[…]

Los artistas acostumbrados a hacer un trabajo a medias difícilmente entenderán lo que quieren decir los modelos elevados, y el tiempo les hará olvidarlo completamente. Además, como dice Lao-Tse, “cuando el erudito vulgar oye la verdad, se ríe de ella”. El verdadero artista parece haber desaparecido hoy día y es difícil que el estudiante serio tenga un guía apropiado. Equivocan fácilmente al artista competente y lo admiran enormemente tratando de empaparse de todas sus capacidades individuales. Después de un tiempo se acostumbran tanto a tales modelos de poca calidad que son incapaces de apreciar un trabajo hermoso cuando lo encuentran. Esto proviene de una experiencia limitada. Y ocurre en todos los campos de la actividad humana. Uno debe buscar la calidad en un trabajo y aprender a distinguir claramente lo que es común y está hecho a medias del trabajo de calidad superior. Éste es uno de los puntos más importantes que debe aprender un novato.

La categoría de un artista varía con su carácter. En la historia antigua pocos de entre los miles de cada generación sobresalían. Su inmortalidad proviene de la calidad sobresaliente de sus obras. Hay cuatro maneras de alcanzar una meta alta: primera mantener la mente pura y libre de pensamientos terrenos; segunda, leer bien para ganar un verdadero entendimiento del mundo y de sus leyes internas; tercera, evitar la popularidad temprana cuando se desea obtener una meta más alta y cuarta, ser amigo del hombre de cultura para poder mantener las formas clásicas. Con estas cuatro precauciones uno podrá mantener las formas clásicas. Con estas cuatro precauciones uno podrá alcanzar la meta más alta en el arte.

[…]

La naturaleza del mundo es infinita, especialmente cuando se ve a través de las pinturas, en las que sólo la observación sutil lo puede apreciar. Ocurre, sin embargo, que esta observación sutil no es para mentes superficiales y de poca cultura. A menos que uno se ayude con lecturas, la mente permanecerá ignorante y superficial, sin la profundidad de los pensadores, o vulgar, sin el sabor de los poetas. La pintura de los humanistas ha tenido siempre un gran valor, pues los artistas han aprendido en libros y han cultivado el gusto y un orden elevado. Por tanto, yo aconsejaría leer bien para lograr un verdadero entendimiento de las leyes internas del mundo.

Shen Tsung-ch’ien (1781): El arte de la pintura, citado por Luis Racionero en Textos básicos de estética taoísta (Alianza Editorial)

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Esta entrada fue publicada el agosto 21, 2010 a las 10:58 am. Se guardó como Ensayo, Lecturas y etiquetado como , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “Estética taoísta: El arte de la pintura

  1. Es realmente maravilloso

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