La ciénaga

No puedo encontrar a las mujeres más hermosas del mundo en el cruce de Slauson Avenue con La Cienaga Boulevard. Puedo encontrar a Rosita y conocer la historia de sus hermanos acribillados en el DF y su añoranza por el mole poblano que saboreaba en su ciudad. Puedo perderme en los ojos de Kate, que soñó con ser actriz hasta que su marido -no el primero, ni el segundo- le enseñó a hostias que no tenía talento para serlo. Puedo acariciar la negra espalda de Mónica, nieta de prostituta, hija de prostituta y madre de una niña de cuatro años de edad. Conozco sus cuerpos y su historia. Ellas conocen mi dinero y mi nombre.

A veces nos interrumpe el ruido de un avión que despega en el aeropuerto y no sé si son mis ojos o los suyos los que le siguen perderse por encima del mar. No puedo encontrar a las mujeres más hermosas del mundo, sino a las más tristes de todas. No quedan billetes para el paraíso en el cruce de Slauson Avenue con La Cienaga Boulevard.

A. P. R.

Esta entrada fue publicada el octubre 28, 2007 a las 6:47 pm. Se guardó como Escrituras y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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