Haikus japoneses de vuelo mágico

Toda idea del mundo se desvanece ante un átomo de realidad. Todo discurso pone en evidencia su impostura cuando una sola palabra reconoce la transparencia. Cuando lo real es percibido como una dinámica incesante la idea es inútil. Acontece, entonces, desde la inocencia del que nada puede poseer, la imagen: apenas una silueta que permanece cuando la luz de la razón se extingue sobre el paisaje de la conciencia.

Haikus japoneses de vuelo mágico


Una tensión cargada de proximidad, un vértice hacia el que confluye la plenitud del instante, un ahora sublime del que nada quedará, excepto la imposibilidad del signo.
Desdibujada entre las últimas irisaciones de la luz sobre el agua, el roce de la vida sobre las cosas busca un templo donde celebrarla, un templo donde permanecer inasible a toda interpretación. En la deconstrucción de ese discurso, en la ruina venturosa de lo indecible, el poema eleva hacia el sentido el espejo incandescente de otra luz. El poema santifica el instante, construye un templo donde lo sagrado no busca comprensión.Para que el que sea niño encuentre un regazo donde celebrar la infancia. Para que el que sea necio vuelva a sus quebrantos con su necedad intacta.

[…]

Así la palabra inocente gravita sobre la muerte de los conceptos. Así la revelación se posa sobre el cráneo del ser. Así la vida se descalza para pisar la cabeza de la serpiente.

[…]

Ni siquiera la luz conoce lo que alumbra.

[…]

Que lo divino es la forma de herir que tiene la hermosura.

[…]

Algo tiembla, también, más allá del vértice de esta hoja.

[…]

De libélula

es la sombra que el sol

proyecta sobre las olas.

Anónimo

[…]

Quien así la ha nombrado no hay duda de que también tuvo la certeza de que todo poema verdadero busca un desconcierto, y que cuando lo encuentra descansa en su propia hondonada, sin ser visto.

También aquí, en la porción minúscula de lo negado, descansa el universo. Lo que no cabe en la luz encuentra su anchura en la sombra. Lo que no puede saberse termina por cantarse.

El no saber, si es verdadero, desemboca en revelación.

[…]

Quizá un viejo amor le había enseñado que todo pensamiento huye hacia la sangre, o que la forma de toda comprensión es una herida.

[…]

¡Qué fría la luz

de la luciérnaga

dentro de mi mano!

Shiki

[…]

La mariposa vuela

como si nada ambicionase

en este mundo

Issa

Ambicionar un objetivo convertiría al vuelo en un gesto de desesperación o de deseo, un no estar en su sitio. Un gesto sin sentido en sí mismo, cuya finalidad escapa a su presente. No ambicionar nada concreto, orientarse al vuelo como algo que encuentra su fin en sí mismo, más allá del objeto u objetivo. El vuelo de la mariposa es reino, el estar en su sitio, propio del ser. La falta de ambición son los colores de la mariposa, su volar consagrado a la plenitud y a la belleza del instante.

[…]

Creemos, en Occidente, que la conciencia debe desentrañar el misterio de la vida y la naturaleza, pero no sospechamos que ese quehacer sólo podrá realizarse cuando la conciencia asuma que ella misma es naturaleza, que ella misma es el misterio que busca desentrañar. En el haiku la conciencia se enfrenta a sí misma en cada instante: la palabra ya no será algo que se dice sobre algo, sino aquello que se dice la naturaleza a sí misma a través del hombre. Porque el hombre no es otra cosa que la palabra que ha alcanzado el universo.

Seguramente, esa impresión primigenia a la que llamamos asombro, tan nítidamente expresada en estos haikus, muestre a las claras, con una desnudez insultante, que lo que llamamos “lo sagrado” es sencillamente algo que sucede dentro de lo Real, acaso el momento mismo en el que lo Real se hace Palabra. El hombre no es más que la verificación existencial del acceso de la Realidad a la Palabra. No existe una Realidad y una palabra que la nombre. La Palabra nace de la propia Realidad.

La pregunta, entonces, es radical: ¿Por qué la Realidad deviene Palabra? No hay respuesta. Basta la pregunta. Sólo cabe intuir que la Realidad deviene Palabra porque acaso lo Real es un proceso de identidad, un proceso de sentido, que encuentra en la palabra la posibilidad de no encerrarse en pura facticidad. […] La Palabra, por tanto, intuimos, es la forma que tiene lo Real de manifestar su inconcebible apertura hacia el sentido. Cuando la palabra cumple esta misión decimos que es palabra “poética”. Por eso sería contradictorio sospechar que la palabra dice a la Realidad a modo de clausurarla, a modo de definirla, a modo de encerrarla en algo que es ya como es. Al contrario, la Palabra (poética) dice que lo Real no es una cosa, algo que ya es, sino más bien que es algo en busca de sí mismo, en busca de un sentido. Un sentido que no adviene en el lenguaje sino más bien a través del lenguaje.

Y lo genuino del haiku, en nuestra opinión, es que es un decir de los sentidos, no un decir de la razón. Un decir nacido de la percusión de los sentidos en la puerta de la conciencia. Como si los sentidos nos permitiesen colocarnos en el mismo orden de la naturaleza de lo Real. Si la razón se aleja progresivamente de la naturaleza y su relación con la Realidad es puramente estratégica, los sentidos nos permiten la experiencia del origen permanente, que es el modo de ser de lo Real. Lo Real siempre está en el origen, siempre se está originando. La percepción de esa evidencia corresponde a los sentidos, por eso sólo desde los sentidos la conciencia puede nombrar, puede verbalizar el origen. Un origen que no es algo sido, sino algo siendo. Y su decir es un decir inútil, no estratégico. Precisamente la inutilidad del decir poético lo salva de ser manipulado. Sólo la inocencia conoce el camino del sentido. La palabra que no resuelve el sentido es la palabra poética. El poema no “tiene” sentido, no encierra el sentido de lo Real, sino que lo abre, poniendo en evidencia, en última instancia, que la Palabra no es la última “experiencia” que la Realidad tiene de sí misma. Ese vacío que queda abierto a un más allá de la palabra es lo que queda sobrecogedoramente expresado en la auténtica poesía.

Vicente Haya, José Manuel Martín Morales, Abdennur Prado: Haikus japoneses de vuelo mágico (Azul Editorial)

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Esta entrada fue publicada el noviembre 19, 2006 a las 10:20 pm. Se guardó como Lecturas, Poesía y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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