La democratización de la fotografía

Hoy día, casi todo el mundo posee una cámara y toma fotos, lo mismo que casi todo el mundo ha aprendido a escribir y fabrica textos. Quien sabe escribir, también sabe leer; pero no todo aquel que sepa tomar fotos, necesariamente, sabrá descifrar fotos. Para aclarar por  qué el aficionado a la fotografía puede ser un analfabeto fotográfico, habrá que analizar la democratización de la fotografía, lo que nos obligará a discutir también algunos aspectos de la democracia en general.

Las cámaras son compradas por gente que ha sido programada para esta compra por los aparatos publicitarios. La cámara adquirida será “del último modelo”: más barata, más pequeña, más automática y más eficaz que los modelos precedentes. Como hemos visto arriba, este continuo perfeccionamiento de los modelos de cámara se basa en una respuesta con la que los aficionados a la fotografía alimentan la industria fotográfica:  ésta aprenda automáticamente del comportamiento de los aficionados (así como de la prensa especializada que la abastece permanentemente con resultados de pruebas). Es ésta la esencia del progreso postindustrial. Los aparatos se perfeccionan mediante la respuesta social.

Una filosofía de la fotografía - Vilem Flüsser

Pese a que la cámara está basada en unos principios científicos y técnicos complejos, es muy fácil hacerla funcionar. Es un juguete estructuralmente complejo, pero funcionalmente simple. Como tal juguete constituye lo contrario del juego de ajedrez, que es simple en su estructura, pero complejo en su función: sus reglas son sencillas, pero es difícil jugar bien al ajedrez. Con una cámara en la mano cualquiera puede fabricar fotografías excelentes sin tener una noción de los procesos complejos que pone en marcha al apretar el disparador.

El aficionado a la fotografía se distingue del fotógrafo por disfrutar de la complejidad estructural de su juguete. Al contrario del fotógrafo y del jugador de ajedrez, no busca “nuevas jugadas” ni información ni improbabilidades, sino que desea simplificar la función del juguete gracias a una automatización cada vez más completa. Enigmático para él, el automatismo de la cámara le embriaga. Las asociaciones de aficionados a la fotografía son templos del culto a las complejidades estructurales aparatísticas, espacios para viajes alucinatorios, fumaderos de opio postindustriales.

La cámara obliga a su poseedor (al que es poseído por ella) a tomar fotos sin cesar, a fabricar más y más imágenes redundantes. Esta fotomanía de la eterna repetición de lo mismo (o lo muy similar) acaba conduciendo a un momento en que el aficionado se siente ciego sin la cámara: se ha establecido una drogodependencia. El aficionado a la fotografía ya no sabe contemplar el mundo más que a través de la cámara y a partir de las categorías fotográficas. No tiene “dominio” de la fotografía, sino que es arrastrado por la vorágine de su aparato y se ha convertido en su disparador automático prolongado. Su comportamiento es un funcionamiento automático como cámara.

El resultado es un continuo flujo de imágenes fabricadas de forma insconsciente. Ellas constituyen una memoria aparatística, una memoria para un funcionamiento automático. Quien hojea el álbum de un aficionado a la fotografía ni mucho menos reconoce en él vivencias congeladas, conocimientos o valores de una persona, sino posibilidades aparatísticas ejecutadas automáticamente. Un viaje de Italia documentado de este modo almacena los lugares y las horas en los que el aficionado fue inducido a apretar el disparador y muestra dónde ha estado el aparato y qué ha hecho allí. Éste es el caso de cualquier fotografía documental. El documentalista, al igual que el aficionado a la fotografía, se interesa por escenas siempre nuevas, vistas desde una perspectiva invariable. Sin embargo, el fotógrafo en el sentido que aquí postulamos está interesado (de modo similar al jugador de ajedrez) en ver de una manera siempre nueva, es decir, en fabricar situaciones informativas. La evolución de la fotografía, desde sus comienzos hasta la actualidad, describe un proceso de creciente toma de conciencia del concepto de información: desde el afán de lo siempre nuevo con un método siempre igual hasta el interés en métodos siempre nuevos. Los aficionados y documentalistas, sin embargo, no han concebido la “información”. Fabrican memorias de aparato, no informaciones, y cuanto mejor lo hacen, más patente se hace la victoria de los aparatos sobre el hombre.

Quien escribe precisa conocer las reglas de la ortografía y gramática. Quien toma fotos, debe observar las instrucciones cada vez más fáciles programadas en el lado output del aparato. Esto es democracia en la sociedad postindustrial. Por eso, el aficionado a la fotografía es incapaz de descifrar fotos: las tomas por el mundo representado de forma automática. Llegamos, pues, a la conclusión paradójica de que el desciframiento de las fotos es cada vez más difícil cuanta más gente acostumbra tomarlas: todo el mundo cree inútil descifrar fotos, ya que todo el mundo cree que sabe cómo se toman las fotos y qué significan.

Vilem Flüsser: Una filosofía de la fotografía (Editorial Síntesis)

Esta entrada fue publicada el abril 12, 2011 a las 7:06 am. Se guardó como Ensayo, Fotografía, Lecturas y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “La democratización de la fotografía

  1. Muy buen post! está para leer toda la obra. La cosa es que la tecnología facilita la fabricación/edición/publicación/etc de toda la producción humana, sea científica, artística, o de lo que sea. Más allá del uso de la cámara fotográfica, también se escribe desde regular hasta espantoso y se publica con facilidad en la web. Hay en este punto una disyuntiva: que mucha más gente fotografíe,escriba, etc. mostrando en muchos casos sus malas producciones, o sus producciones automáticas, sin alma, o que los espacios sólo queden disponibles para quienes “aprendieron a jugar bien al ajedrez”.
    Me da la impresión que, de cualquier modo, la industria no nos deja opción: más y más cámaras, más baratas, más fáciles de usar.La esperanza es que entre tantos y tantos usuarios, aparezcan más y más curiosos por saber y aprender.
    Me gustaría leer el libro entero!

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