Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie

Del prólogo de Arturo Pérez-Reverte:

Una república desventurada en manos de irresponsables, de timoratos y de asesinos, un ejército en manos de brutos y matarifes, un pueblo despojado e inculto, estaban condenados a empapar de sangre esta tierra. Luego, prendida la llama, la arrogancia de los privilegiados, el rencor de los humildes, la desvergüenza de los políticos, el ansia de revancha de los fuertes, la ignorancia y el odio hicieron el resto. No bastaba vencer; era necesario perseguir al adversario hasta el exterminio. Murió más gente en la represión que en los combates; en ambos lados, analfabetos presidiendo tribunales gozaron de más poder que magistrados del Supremo. Hubo valor, por supuesto. Y decencia. Y lecciones de humanidad e inteligencia. Pero todo eso quedó sepultado por las pavorosas dimensiones de una tragedia que todavía hoy necesita reflexión y explicaciones.

[…]

Citando a Miguel de Unamuno en su célebre discusión con el general Millán Astray:

“Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (…) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición.”

[…]

Más de Unamuno:

“Se instauró el terror por todas partes y España se halla textualmente despavorida de sí misma -se lamenta-. Creí que el Movimiento salvaría la civilización, al suponerlo fundado en una base cristiana, pero terminé por percatarme de que sólo significaría el triunfo de un militarismo al que me opongo total y absolutamente. A esta gente les une el odio a la inteligencia y por eso fusilan a los intelectuales. Si triunfan, España se transformará en un país de imbéciles (…) sólo queda un terror cruel, sádico y cínico, aún más espantoso porque no proviene de excesos individuales sino de la metódica organización de los dirigentes.

A las partidas de criminales, locos de atar y salvajes extrahombres de ambos bandos, sólo les mueve el resentimiento nacional, la lepra de la envidia, que señaló a fuego Quevedo, y además el rencor contra la inteligencia (…) esto es un infierno. Y el que se adhiere a uno o a otro bando ha de ser sin condiciones y sin piedad.”

Juan Eslava Galán: Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie (Planeta)

Esta entrada se publicó el julio 25, 2006 en 10:40 pm y se archivó dentro de Ensayo, Lecturas. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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